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Ficha literaria

Título: El anarquista que se llamaba como yo
Autor: Pablo Martín Sánchez
Editorial: Acantilado (Barcelona)
Páginas: 614
Precio: 26 euros

Un tocayo condenado a garrote vil

Pablo Martín Sánchez, con el desparpajo propio de quien se estrena como novelista y con la maestría y el mimo de quien, fruto de sus licenciaturas en Teoría de la Literatura y Literatura comparada, conoce bien los entresijos y vericuetos del lenguaje y su sintaxis, nos adentra en una historia que tiene mucho punch. Que engancha.

En parte por el curioso desencadenante que origina la escritura de la misma, que ha servido para promocionar el libro y que ya se nos adelanta en el prólogo. El autor teclea cierto día su nombre en Google y se da de bruces con otra persona con idéntico nombre y apellidos y con una historia tan novelesca en sí misma que dio finalmente lugar a precisamente, eso. Una novela. Una buena novela. Así que cuidado con buscarse en Google. Uno nunca sabe cómo puede acabar la cosa.

De tal manera, con una mezcla de buen hacer como escritor y unos capítulos tejidos entre sí con fino hilo de seda, consigue Pablo Martín envolvernos con sutileza en la trama.

Una historia que nace y evoluciona pegada como una lapa a los hechos históricos acontecidos en la realidad pero diluyéndola por momentos en una ficción cosecha del autor. Según palabras propias del autor: «todos los espacios en blanco que mi labor de investigación y documentación sobre la vida del personaje no me permitieron completar, los fui rellenando de imaginación». Directo y al mentón. Sin adornarse demasiado ni caer en excesos fáciles. Más de seiscientas páginas con un estilo fresco, ágil y una prosa certera impropia a priori de quien se adentra en el terreno de las lides novelescas por primera vez. Todo ello logrando no decaer en el ritmo ni en la intriga a pesar de la extensión de la novela. Detalle importante para que uno no deje la lectura de la misma a medio camino, como tantas veces ocurre (confiesen sin complejo de culpa y ahora que no nos escucha nadie).

Así nos va introduciendo el autor en la vida de su homólogo el anarquista bizkaino, más concretamente de Barakaldo, en un recorrido por la vida del personaje desde su infancia, sus amores de adolescente y su estancia en Salamanca, pasando por su militancia defendiendo los ideales anarcosindicalistas de los Bakunin y compañía hasta su exilio francés y su captura final tras los enfrentamientos de Vera de Bidasoa.

De tal forma, juega Pablo Martín, a situarnos en dos tiempos narrativos paralelos. Por una parte en un presente que se correspondería con los años de exilio en Francia como trabajador de una imprenta del protagonista durante la dictadura de Primo de Rivera (capítulos introducidos por números latinos) y por otra intercalando entre tales, otros con pasajes de la vida pasada del activista barakaldés, (introducidos estos por números romanos). Una especie de juego; de saltos espacio-temporales que contribuyen a generar esa cadencia amena que caracteriza la novela. La España de Alfonso XIII, París, San Juan de Luz, Bayona, Salamanca…Lugares en los que el protagonista, convive con intelectuales contemporáneos de todo tipo a los que se hace referencia en la novela.

Blasco Ibáñez, Ortega y Gasset, Pestaña, Miguel de Unamuno… Todos ellos críticos en su momento con el régimen y condenados también como el anarquista bizkaino al exilio de las ideas. Otro exilio más de la vergüenza de los que desgraciadamente tanto sabemos en este país.

La culminación de la novela es fiel a la de la trayectoria vital real de nuestro personaje.

Con sus luces y sus sombras. O al menos fiel a la versión oficial. La que cuenta que tras los sucesos de Bera de Bidasoa en los que junto con otros anarquistas cruzaron la frontera en ese punto exacto de Navarra con idea de sumarse a un supuesto alzamiento en contra de la dictadura en la que en teoría estaban también inmersos y secundándola miembros del propio ejército español pero que finalmente nunca sucedió y que solo sirvió para que tras un tiroteo en el que murieron varios guardias civiles, fueran apresados, encarcelados y condenados a la pena capital.

Por lo que esta historia, como la película Titanic de James Cameron, solo tiene un pequeño pero. Que ya nos sabemos el final. Que ya nos lo ha contado la propia Historia y el autor. Por poco que hayamos indagado sobre el personaje o simplemente.

César Fernández Rollán  // Bilbao

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