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Reedita El látigo y la pluma

Fernando Olmeda: «Es un libro que ofrece al lector un episodio de nuestra historia que nos robaron, porque siempre la escriben los vencedores»

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  • Escrito en 2003, la obra reconstruye el daño inmenso e irreparable que causó el franquismo a los que fueron perseguidos por su condición sexual
  • Ahora se reedita en formato electrónico donde recoge el nuevo marco legal de 2004

«Este chico no tiene nada, simplemente que es marica y su padre está en la creencia de que su hijo padece una enfermedad mental y que aquí se curará. Le pondremos unas cuantas sesiones de electroshock, estará aquí diez o doce meses…». Este es uno de los más de cien testimonios desgarradores que refleja el periodista y escritor, Fernando Olmeda, en El Látigo y la pluma a propósito de la represión desmesurada que sufrieron en silencio, los homosexuales en España desde el final de la guerra civil hasta hace bien poco tiempo.

Se llaman Miguel Lorca, Atanasio Vázquez, Rufino Calderón, Carlos López o Juan Soto. Son más de cien personas humilladas, perseguidas y hasta condenadas, a las que el autor rescata de la memoria y dedica este trabajo ingente de investigación para devolverles el honor robado al que fueron sometidos en tiempos del dictador por su opción sexual..

Publicado en 2004, esta magnífica referencia historiográfica de nuestro pasado reciente, se reedita ahora en formato electrónico, en el que el periodista incluye un capítulo importante donde, en cierta medida, España intenta cerrar heridas que vierten, cuanto menos, vergüenza. Se trata del periodo que va desde 2004 a 2013, en el que el autor recoge los acontecimientos históricos centrados principalmente en la lucha por la consecución de un marco legal que garantiza el derecho al matrimonio para las personas del mismo sexo.

El látigo y la pluma es obra de referencia para escritores, historiadores e investigadores que la incluyen en sus tesis doctorales. La Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España (FELGTB) es un movimiento que luchó contra la discriminación homófoba ya durante el franquismo. Para ellos, el libro marca un antes y un después porque ha permitido dar voz a los olvidados, que «ingresaban en las cárceles como delincuentes, en los psiquiátricos como enfermos mentales o en el infierno como pecadores», según Pedro Zerolo, abogado y activista.

Hemos entrevistado a Fernando Olmeda, quien nos disecciona este importante y necesario guantazo de realidad para nuestra memoria histórica.

El autor del ensayo y conocido periodista, entre otros, por contarnos la actualidad en Telecinco en 2009.

El autor del ensayo y conocido periodista, entre otros, por contarnos la actualidad en Telecinco en 2001.

EL Libro

Fernando, ¿por qué escribiste El látigo y la pluma?

Mi objetivo fue dar voz a quienes nunca tuvieron voz, preservar su testimonio, dar a conocer su sufrimiento a las nuevas generaciones, contar la historia que nunca nadie había contado.

El látigo y la pluma: ¿metáfora o simple eufemismo, sobre todo por lo de la pluma? Que conste que se trata de un gran título. ¿Cómo se te ocurrió?

Barajamos otras opciones. A los buenos títulos se llega de manera natural. Creo que estaba con el periodista y escritor Rafael Torres, que coordinaba la colección La buena memoria, cuando surgieron los términos. Tiene algo de inspiración cervantina. La dureza del látigo frente a la fragilidad de la pluma.

¿Cuánto tiempo te llevó, a tenor de la gran cantidad de información que aparece en sus páginas? ¿Qué fue lo más complicado del proceso?

Me llevó un año. Lo más complicado fue poner todo en orden, sobre todo porque era el primer libro que escribía. Estamos hablando de 2003. En diez años he escrito otros libros y es más fácil la tarea de organización de datos.

¿Cuántos testimonios de represaliados hay en el ensayo? ¿Están todos los que recogiste? Aparecen muchísimos, siendo todos y cada uno relevantes. Quizá lo más emocionante del libro.

Creo que aparecen un centenar de personas. Junto a los documentos policiales y judiciales inéditos hasta aquel momento, los testimonios son lo más emocionante del libro, pero por una razón: son historias agridulces; la mayoría expresan el sufrimiento por la persecución legal y la discriminación social, pero hay muchas que desvelan la valentía con la que, en determinados lugares y circunstancias sociales o personales, plantaron cara a la dictadura.

El ensayo, como ya hemos dicho, recoge multitud de historias personales cuya lectura, no solo resulta amena sino muy útil desde el punto de vista de la memoria histórica de nuestro país, pero por qué bajo nombres supuestos. La mayoría de los protagonistas así se muestran ante nosotros. ¿Fue necesario, por ejemplo, para que la sinceridad contigo fluyera más? ¿Conservan el miedo de entonces?

Muchas personas aparecieron con nombres supuestos porque en aquel momento aún existía mucho pudor. Había ganas de contar, pero la estigmatización y el miedo aún les atenazaban. En otros casos, modifiqué datos personales y lugares para cumplir con la obligación legal de preservar la identidad de las víctimas. No eran tan importantes sus nombres, lo importante eran los hechos, la perversa mecánica judicial y policial, su arbitrariedad, su impunidad.

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«En otros países la historia oficial ya incluye los nombres de los victimarios, de los represores. Aquí aún no hemos dado ese salto cualitativo»

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¿Cómo fueron esas conversaciones?

Les sorprendía que, de pronto, alguien se interesase por su vida, después de tantos años en silencio. Quizá al principio observé recelo en muchos de ellos, pero, una vez que te ganas su confianza todo fluye.

El relato de Dionisio Sánchez es especialmente conmovedor, no solo por el contenido, sino porque creo que encierra ese modelo intermedio entre el «mariquita» y el «despensero», como tu señalas; entre el que es homosexual pero convive con la conveniente no visibilidad de su condición en su entorno, la cual acepta, asimila e integra… Un perfil no exclusivo de los años cincuenta o sesenta o setenta, etc, sino, que hoy también podemos encontrarlo, ¿verdad? ¿Qué te resultó llamativo de Dionisio?

Todos los testimonios son conmovedores porque son vidas vividas. Lo llamativo es que ha habido y hay muchos Dionisios en España, aunque, afortunadamente, los tiempos han cambiado.

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«El libro ha de ser leído por las nuevas generaciones para que se eduquen en la igualdad y en la diversidad afectivo-sexual»

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Además de un trabajo ingente y sobresaliente de investigación, El látigo y la pluma puede ser también un auténtico glosario de términos eufemísticos de cada momento que recopilas para referirse al homosexual, a la lesbiana, al transexualismo, a la homosexualidad o a ciertas prácticas sexuales sin más, ¿por qué fue relevante para ti incidir en este aspecto tan representativo de la cultura popular? (prímulas, patos, acaponados, blancanieves, bujarrones, sarasas, violetas, los de la acera de enfrente, chaperos, caficios…)

Porque nos expresamos a través del lenguaje, y ya conocemos nuestra riqueza idiomática… El catedrático de la Universidad de Alicante Félix Rodríguez escribió un Diccionario gay-lésbico que incluyó muchas de esas palabras y expresiones. Llaman la atención las negativas, las estigmatizadoras, pero a mí me gustan las poéticas, las positivas, frases como las del bailarín José Luis Amarilla: “Que haya fuego, pero que no se vea”, o “le miré, me miró, nos comprendimos”.

No sé si denominar curioso un dato poco conocido por la mayoría que Queipo de Llano llamara a Franco «Paca la culona», a sus espaldas, para vengarse de sus desprecios. Pero es que su padre también se dirigía a él como «Paquita» y directamente, «marica», supuestamente a causa de su voz atiplada por una sinusitis crónica. Con esto quiero remarcar la habilidad para alcanzar el detalle de la fotografía del momento, intercalándolo con los testimonios reales.

Muchos historiadores han hecho referencia a ese dato personal del dictador.

¿Con qué momento de la historia española que plasmas te quedarías?

Difícil, pero, por seguir en clave positiva, mencionaría la visibilización de homosexuales y lesbianas en la década de los setenta, primero a través del mundo del espectáculo y después al tomar la calle en las manifestaciones antifranquistas de aquella época. Y en la reedición actualizada en e-book que vio la luz en 2013, todo lo concerniente a la lucha del colectivo LGTB por la igualdad, la ley de matrimonio, la ley de identidad de género, etcétera.

¿Destacarías algún relato concreto de alguno de tus múltiples protagonistas?

Siempre cito a Juan Soto porque es un buen amigo, un hombre lúcido y con sentido del humor. Pero me gustan todos.

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«Me gustaría que el libro también llegara a América Latina porque allí se viven en la actualidad situaciones semejantes a las que vivió España no hace tanto tiempo»

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Hay muchos pasajes que invitan a la esperanza, sin incluir, claro está, el último capítulo añadido en la reciente edición lanzada este mismo año, «2004-2013: la larga marcha hacia la igualdad»; por ejemplo, José Pascual dice: «La vida es una orgía de belleza y experiencias». ¿Por qué El látigo y la pluma es esperanzador? ¿Para quién?

El poeta Marcos Ana suele decir que “hay que pasar página en la historia… pero después de haberla leído”. Antes que esperanzador, es un libro de historia, que ofrece al lector un episodio de la historia de España que nos robaron, porque siempre escriben la historia los vencedores. Está pasando lo mismo con las exhumaciones de restos de los fusilados de la guerra civil o con la búsqueda de los “niños robados”. Todo eso ocurrió en España, y hay que contarlo. Todos son víctimas de la dictadura. Y esperanzador, porque ha de ser leído por las nuevas generaciones para que se eduquen en la igualdad y en la diversidad afectivo-sexual. Es obligación de todos nosotros.

¿Qué ha significado el libro para la historia y trayectoria del movimiento reivindicativo  por excelencia en nuestro país, la LGTB?

Creo que contribuyó a la visibilización de una realidad en momentos clave de la historia reciente, como fueron la entrada en vigor de la Ley de Memoria y la lucha por la consecución del matrimonio igualitario. El látigo y la pluma viajó por España, lo presenté en encuentros, seminarios, congresos, y ahora que está actualizado en libro electrónico me gustaría seguir viajando con él y con sus protagonistas, para compartir sus historias vitales con los destinatarios últimos, los lectores. Me gustaría también que llegara a América Latina, porque allí se viven en la actualidad situaciones semejantes a las que vivió España hasta no hace tanto tiempo.

portada ebook El látigo y la pluma

¿Piensas que todavía en la España de hoy, mucha gente asocia homosexualidad a delincuencia, a enfermedad mental, a pecado mortal o a depravación? ¿Es una herencia ineludible del franquismo? ¿Es posible un cambio de actitud relacionado con un cambio generacional?

Quizá no funciona ya esa asociación de ideas, pero en muchas ocasiones sigue vinculándose a conductas, llamémosle, irregulares. O lo que es lo mismo, que la homofobia sigue existiendo en España. Y es preciso seguir trabajando en las aulas para modificar comportamientos. El acoso escolar homofóbico es una realidad hoy día. Claro, que el problema, posiblemente, está en muchos padres y docentes que están transmitiendo a sus hijos aquella mala educación -parafraseando a Almodóvar- y aquella escala de valores que a su vez les enseñaron sus padres.

Desde el propio Vaticano soplan nuevos aires, vaya contraste con el papel jugado por la Iglesia que retratas exhaustivamente en El látigo y la pluma.

Creo que es prudente esperar, porque una cosa son las manifestaciones públicas del nuevo Papa y otra los cambios reales. En todo caso, nada que ver con los atavismos de la iglesia católica en España. También es una cuestión generacional, algún día el obispo Reig Pla dejará de ser obispo.

Por cierto, debe ser un gran honor que la FELGTB haya adoptado el nombre del libro para denominar sus galardones anuales.

Me lo pidieron hace unos años y acepté sin dudar. Creo que es un homenaje a los protagonistas del libro, su memoria permanece viva con los premios Látigo y pluma.

Yo percibo El látigo y la pluma como una referencia de partida para su expansión en otros medios: documental o incluso, para la ficción, ¿qué opinas? ¿Tiene posibilidades? ¿Ha habido alguna propuesta al respecto?

Se han realizado tesis doctorales, documentales, trabajos universitarios, y no sólo en España. Incluso ha sido mencionado en el Senado. El libro está ahí, para quien tenga interés. En cierta medida, es patrimonio de todos.

¿A quién puede molestar El látigo y la pluma hoy?, si es que molesta a alguien…

El libro no molesta, pero pone en evidencia comportamientos de personas que aparecen con nombres y apellidos. Eso es lo que molesta. En otros países la historia oficial ya incluye los nombres de los victimarios, de los represores. Aquí aún no hemos dado ese salto cualitativo.

¿Qué se siente cuándo consigues que una creación tuya se haya convertido en una referencia, no solo para el movimiento LGTB, sino para millones de personas homosexuales o para intelectuales e investigadores, o simple y llanamente para personas que consideramos necesaria la recuperación de la memoria histórica?

Pues satisfacción por el trabajo realizado y agradecimiento por la cantidad de comentarios e impresiones que he recibido en estos diez años. Espero que El látigo y la pluma tenga una larga vida.

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Fernando Olmeda bynEl escritor

¿Tienes planes para continuar en esta línea de investigación periodística? ¿Similares? ¿O vas a optar por la ficción?

Nunca dejaré el ensayo. Hay aspectos aún no contados de la historia reciente, pero hace falta tiempo, editoriales que apuesten por el género y lectores que lo reclamen.

Hace falta seguir escribiendo ensayos y que las editoriales sigan publicando, pero sobre todo es necesario que los lectores compren los libros. Si no hay lectores, no hay ensayos.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora y que te apetezca compartir con nosotros?

Un documental de temática LGTB del que daré noticias muy pronto y una novela.

¿Volveremos a verte o a escucharte como periodista de actualidad alguna vez?

No se deja de ser periodista nunca. Sigo publicando entrevistas, reportajes y artículos de opinión. Respecto a la actualidad diaria, me gustaría hacer radio y en un momento dado regresar a televisión, pero bueno, ya veremos.

En tu página web incluyes una cita que además de bella, alude a una de las esencias del periodismo. El pasado 10 de diciembre, El Mundo plasmaba una similar en su portada: «El periodismo jamás puede hacerse en silencio: esa es su mayor virtud y su mayor defecto», en esta ocasión es de Henry A. Grunwald.

La de mi blog es de Amy Goodman: «Ir donde está el silencio. Ésa es la responsabilidad de un periodista: dar voz a quien ha sido olvidado, abandonado y golpeado por el poderoso». Hay muchas que ensalzan el noble oficio del periodismo. No dejemos de pronunciarlas en voz alta.

¿Prefieres ser escritor y periodista o periodista escritor?

Pues ahora mismo casi más ciudadano comprometido, ciudadano que reclama cambios urgentes en la sociedad en la que vivimos.

Fernando Olmeda tiene mucha razón en todas y cada una de las palabras expresadas. Ahora solo queda conocer la atrocidad de las muchas personas que sufrieron el látigo de una época oscura y colocarlos en el lugar que corresponde de nuestra historia.

Julià Pérez // Valencia

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