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La lucha de un artista por vivir de su obra

 

Jesús Batanero –natural de Tobarra, Albacete– es un artista que se debate entre sus dos pasiones: la música y el arte en hierro. Lo complicado llega cuando, las circunstancias, las convierten en incompatibles.

¿De dónde te viene la afición y cuánto tiempo llevas?

Mi padre y mis tíos vienen del mundo del hierro, de fraguas. Herreros de toda la vida. Pero a mí no me convencía este trabajo comercial y opté por darle un punto artístico.

Siempre he estado entre el hierro y la música. Actualmente, me dedico a esta última, ya que estoy dando clases de guitarra. Incluso, he montado un cuarteto de jazz en Mallorca. Sin embargo, pienso volver a Albacete, con mis esculturas, después del verano.

Con el hierro llevo desde que era muy joven. Siempre he sido autodidacta y todo lo que he aprendido ha sido por mi cuenta, experimentando.

Para mí, el arte es reflejar sensaciones que no puedes transmitir con palabras. Eso es lo que busco con el hierro y con la música.

Jesús¿Nunca te has planteado estudiar Bellas Artes?

Sí pero, en su momento, me decanté por la música. Pensé que, para la música, sí que era imprescindible estudiar, porque llegó un momento que mi forma de improvisar para abordar una canción no me satisfacía. Me sentía muy torpe y veía a compañeros con mucho nivel que me daban mucha envidia y me preguntaba cuándo podría tocar así. Y decidí que o empezaba a estudiar en serio o tendría que empezar a pensar en colgar la guitarra.

Con el arte del hierro no tuve esa sensación. Me sentía tranquilo con mi forma de improvisar, porque sabía que podría solventar cualquier contratiempo, con mayor o menor destreza. Si no me hubiera sentido satisfecho con mi forma de trabajar, probablemente hubiera recurrido a estudiar Bellas Artes.

Comprendía que, con el paso del tiempo, aprendería a depurar la técnica, que podría solucionar posibles imprevistos y que vale la pena intentar organizar una exposición y mimar esta área. Además tener ahí a mi padre pues me daba mucha seguridad.

Detalle del monumento al tambor / Foto: Jesús Batanero

Detalle del monumento al tambor / Foto: Jesús Batanero

A este artista polifacético, como a la mayoría de ellos, le resulta difícil elegir entre sus dos facetas: «Creo que van al cincuenta por ciento porque, si hago memoria, siempre han estado unidas, aunque con otros niveles. Cuando tenía ya unos diez o doce años hacía mis pinitos con el hierro y con la música y, hasta hoy, siempre las he ido alternando. Son mis dos pasiones y, mientras pueda, no las abandonaré. No sé cuál de ellas tiene más peso en mi vida».

Hace unos años se vio obligado a cerrar su taller de Tobarra y marcharse a Mallorca, lo cual supuso tener que abandonar el hierro para dedicarse a la música. Sin embargo, la añoranza del metal le está haciendo replantearse un nuevo traslado ya que, al parecer, ambas pasiones no pueden coexistir en el mismo lugar.

Si puedes vivir –y vives– de la música, ¿crees que también puedes vivir del arte en hierro?

Creo que sí y, desde luego, tengo la necesidad de intentarlo. No sería feliz si me conformara solo con la música.

En la isla podría echar raíces, pienso que podría mejorar y tener cada vez más trabajo. Sin embargo, sé con toda certeza que no sería feliz. Necesito mis hierros y, aquí en la isla, no tengo infraestructura. Lo ideal sería montar aquí un taller y combinar mi música y mi hierro, pero no es posible.

¿Y en Albacete no podrías?

Supongo que sí, pero no a este nivel. Conozco un poco Albacete y cómo se mueve el mundo de la música allí y es muy complicado vivir de ello, sobre todo de la música contemporánea.

Ya, generalmente, está mal pero ahora, con la crisis, está aún peor. Trabajé unos años en la escuelas municipales pero entre las políticas anticulturales y la propia crisis asentaron un antes y un después en este área.

Pero ahora quiero volver, porque echo de menos a mi hija, más de lo que puedo soportar, porque necesito a mis hierros como decía, y porque siento la necesidad.

Profeta en su tierra

El siguiente vídeo muestra el trabajo del arte en hierro en su taller de Tobarra. En él podemos ver la creación de dos de sus grandes encargos: el monumento al nazareno y la tradición del tambor, expuestos en la ciudad.

El artista nos explica su trabajo: «Busco una comunicación, a través de la vista, pero también intentando expresar los sentimientos que han dado lugar al objeto en sí, el mensaje. No solo temas religiosos, porque eso fue circunstancial».

«En el vídeo se representan dos trabajos muy complicados. Desde que se me plantea la idea hasta que llego a tener un borrador de lo que quiero representar, jugando con los tamaños, etc. tengo que considerar muchos parámetros, eliminando los riesgos».

La Semana Santa es una fiesta muy importante en Tobarra, de gran tradición puesto que se remonta al siglo XVI, y está declarada de interés turístico regional y nacional. Por ello no es de extrañar el gran esfuerzo que puso Jesús Batanero a la hora de cumplir con su encargo y la responsabilidad que conllevaba: «Me llevó mucho tiempo concebir solo la idea, porque ¿cómo se puede reflejar en una imagen, en un dibujo o, incluso, en una sola frase algo que engloba tantas hermandades y que involucra a tanta gente para que todos se sientan representados? Fue espinoso llegar a la imagen definitiva, porque todo el mundo se tenía que ver representado y eso complicaba bastante las cosas».

«Al final, lo representé con una mirada y un gesto de complicidad entre las dos partes que componen el trabajo. No hay contacto físico entre ellas, pero hay una relación que representa la belleza frente al esfuerzo, la inocencia frente a la madurez. Tardé ocho o diez meses en concebir la idea, desechando mil hasta que conseguí lo que quería reflejar. Fue un reto impresionante para mí, pero salió bien. Creo. Estoy muy contento con el resultado y la gente aceptó mi idea o, al menos, eso es lo que yo percibo».

Además, para él supone un doble orgullo: «Utilicé a mi hija de modelo. Fue una circunstancia muy especial que se dio, por tener que representar a una niña y, ya que la tenía en casa, la usé de modelo y a mi padre, en su época de costalero, como la figura del adulto. Así que salió mejor».

Marta posa para el monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

Marta posa para el monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

Muy ligada a la Semana Santa persiste también la tradición del tambor, ya que los tobarreños llegan a tocar más de cien horas desde el miércoles santo hasta el domingo de resurrección.

De ahí que este trabajo fuera realizado, también, con muchísima ilusión: «Me encargaron simbolizar la tradición del tambor. Procuré representar la evolución del trabajo. Por eso es una mano de importantes dimensiones que rompe la piel de un simbólico tambor antiguo, con un tambor nuevo».

El monumento al tambor ha sido un trabajo que le ha reportado enormes satisfacciones: «Nadie es profeta en su tierra y haciendo un trabajo sobre una tradición centenaria de tu pueblo tienes muchos puntos a  favor de que no guste,  pero la gente estuvo encantada. No me esperaba que lo recibieran tan bien así que, por añadidura, pues más encantado todavía. Ha salido en el cupón de la ONCE, en la lotería nacional, es el símbolo del pueblo, han hecho estatuillas para regalar a la gente de fuera –políticos, artistas, etc. – que viene a algún evento. Eso es un honor para mí».

Tamborada frente al monumento al tambor / Foto: Jesús Batanero

Tamborada frente al monumento al tambor / Foto: Jesús Batanero

 ¿En qué consiste tu técnica? ¿Cómo elaboras tus obras?

La técnica depende mucho del tamaño de lo que vas a hacer. Si, por ejemplo, quieres hacer ropa a tamaño natural tienes que dibujar, con hierro fino, de entre seis y diez milímetros, las arrugas que se generan en la ropa. Luego, con cartulina, sacas las plantillas y se  pasan a chapa y, a esta, se le da la forma. Así puedes proyectar, con una estructura interna, las dimensiones del codo al hombro, hasta la muñeca, etc. En los dedos tienes que cambiar de técnica y recurrir a esculpirlos, como se ve en el vídeo.

Aquí en Mallorca, Riera Ferrari –que es un artista muy cotizado– hace esculturas con piezas viejas de coches y motos. Me llama mucho la atención que, por poner un ejemplo, mirando un perro de caza a tamaño natural ves la expresión corporal con total detalle. Control absoluto sobre la proporcionalidad anatómica. No queda más remedio que descubrirse ante esto.

¿El hierro no resulta un material complicado para trabajar con él?

Cuando esculpes sobre hierro es muy costoso, muy duro pero, si te equivocas, lo puedes rectificar con relativa facilidad. Sin embargo con madera, que es más dócil en textura, pues no lo puedes hacer, ni le puedes poner un parche de pasta porque se ve, ni pintarla porque le quitas toda la magia a la madera. Y en mármol si, por accidente, un golpe fuera de lugar  rompe la nariz a una pieza ya no lo puedes arreglar.

Lo que no podría solucionarse sin un importante dolor de cabeza es equivocarte en la escala. Por eso, primero tienes que trazar la estructura interna, proyectar medidas. Pero, en otros detalles, tienes más margen de maniobra para corregir.

En cuanto al tiempo que se tarda, depende de cada pieza. Ahora mismo tengo una idea, para una exposición que estoy preparando que, trabajando de forma intensa y dedicándome de lleno, podría llevarme un mes por pieza siendo optimista.

Detalle del monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

Detalle del monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

El futuro: su primera exposición

El motivo de regresar desde Mallorca son sus planes de futuro. La música no se quedará a un lado para centrarse en el  hierro. Seguirá estando, aunque quizá a otro nivel: «Voy a organizar una exposición. Si todo fluye, será a final del año próximo y constará de entre 15 y 20 piezas, no tan grandes como la del tambor o el nazareno, pero sí muy representativas».

¿Cómo logras inspirarte?

Las ideas para llevarlas al hierro me vienen sin más. El día a día ya me sirve de inspiración.

El rasgo más peculiar de las nuevas obras va a ser la representación de cosas cotidianas, pero también vinculadas a emociones.

Por poner un pequeño ejemplo, uno de los trabajos que quiero hacer es un chico –o chica– con la mano en la cara, mirándose en el espejo pero, en lugar de espejo, lo que habrá será un marco y, al otro lado, de forma simétrica, estará él o ella treinta años después (o antes, según la perspectiva…). Representará el paso del tiempo, que es algo que todos tenemos en la memoria, puesto que todos nos recordamos hace unos  años y, a la vez, nos imaginamos dentro de otros tantos. Eso es lo que pretendo reflejar.

¿Has conseguido ya un lugar para exponer?

Estoy buscando galerías. He entrado en contacto con dos: León y Madrid.

También cabe poner de relieve que he tenido la suerte de conocer a unos amigos de Luxemburgo  que están en contacto con el mundo de la política y del arte allí  –y con los que existe  gran empatía y una gran amistad–, que tienen la voluntad de ayudarme en esta aventura. También son amantes del arte.

En cuanto a León, la galería Alemi tiene un precio razonable y allí expone muchísima gente así que, para empezar, no está mal.

Detalle del monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

Detalle del monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

Sin embargo, para un artista que intenta abrirse un hueco, no resulta nada fácil: «De forma virtual, me he recorrido casi  todas las galerías del planeta, buscando información. He visto que hay gente que  patrocina a artistas noveles, si la obra merece la pena. En Nueva York, por ejemplo, en la Galería de Arte Contemporáneo, hay bastante gente que se dedica a eso. Si ven a alguien que tiene una proyección interesante le financian, le ayudan. Cazatalentos, vaya.  Aunque nunca es completamente gratis, a no ser que seas… Pero, si no tienes nombre, no queda más remedio que empezar a poner de tu bolsillo o dejar obras en galerías de forma indefinida para ir cogiendo firma. Es la única forma. O eso me contaron ellos».

«Así que empezaré por León, que resulta lo más versátil, práctico y cómodo para dar el primer paso, porque es un precio asequible a cualquier bolsillo».

Ni, por supuesto, tampoco resulta barato: «Es necesario recortar gastos, así que yo me encargaría de todo el transporte, desde embalar las piezas hasta alquilar una furgoneta y transportarlas».

Detalle del monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

Detalle del monumento al nazareno / Foto: Jesús Batanero

¿Cuánto vale el arte?

En las galerías me han preguntado: «¿Cuánto va a valer cada pieza?» y ahí me han pillado desprevenido, porque ¿qué precio le pones? Es difícil, pero me veo en la obligación de ponérselo. Alemi tiene una gran cantidad de clientes que van a ver mi obra, así como los contactos de sus contactos, etc. Tienen una red de gente que les gusta el arte, de coleccionistas, que van a tener acceso a mis piezas.

En principio, si cubro gastos me doy por satisfecho. Pero lo que cuenta es abrir la puerta a más exposiciones en el futuro y a que me conozcan. Mi nombre ya estará ahí, pero ¿sabes la cantidad de artistas que hay?

El precio del arte se mueve a años luz de criterios convencionales del resto de mercados. Es la firma lo que proyecta esta distancia.

Más imágenes en Pinterest Homocultum.

Mª Belén Cañizares // Toledo

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