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Propuestas artísticas para mejorar el entorno urbano

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  • Un edificio construído en 1968, de 30 metros de altura, distorsiona el paisaje de Quintanar de la Orden (Toledo)
  • Los murales de Milu Correch, Inti Castro y Antonio Laguna pretenden transformar el aspecto del espacio arquitectónico

Santiago González Villajos es historiador del arte. Estudió el último año de carrera en Oxford, gracias a una beca Erasmus. Posteriormente –y movido por su interés en la relación entre arte y antropología–, realizó un máster de Arqueología en la Universidad de Granada y otro de Arte y Arqueología Comparada en la University College de Londres.

Desde el año 2012 ha preparado varios programas de doctorado y de investigación que no ha conseguido sacar adelante y, durante el verano de 2013, comenzó un proyecto de arte urbano en su localidad natal, Quintanar de la Orden (Toledo).

La primera fase del mismo ya está realizada. La artista argentina Milu Correch pintó la Dulcinea más grande del mundo en una fachada de 30 metros de alto y una superficie de 350 metros cuadrados, situada en un edificio de nueve plantas, en el casco histórico de la localidad. «Esa intervención fue la primera fase de un proyecto que presenté al Reina Sofía en junio de 2013, pero al mismo tiempo es la materialización de una propuesta que hice al Ayuntamiento en junio de 2012 para regenerar el paisaje urbano de Quintanar», explica González Villajos.

El promotor nos habla del proceso: «Las buenas intenciones triunfaron y salió adelante gracias a la ilusión de Milu Correch, que vino a posta a Quintanar, dentro de su gira europea, para pintar esa gran medianera. Fue su primera medianera. En el mundo del arte callejero, pintar una pared de esas dimensiones es honor, es estatus. Así lo vio Milu y luchó por ello. Sin ella hubiera sido imposible y por fortuna todo salió adelante y el pueblo quedó encantado. La intervención se documentó en vídeo con la intención primordial de conservarla, porque supuso un cambio dramático en la estética urbana de Quintanar, que siempre consideré crucial conservar por su relevancia histórica. También se documentó con la idea de generar una película, que el genial director independiente Gonzalo Rielo se está encargando de montar y postproducir».

Milu Correch y Santiago González posan delante de La Dulcinea / Foto: CULM

Milu Correch y Santiago González posan delante de La Dulcinea / Foto: CULM

 Para la segunda fase se pretende realizar otro mural, en una segunda medianera del mismo edificio, esta vez contando con el arte del chileno Inti Castro y del manchego Antonio Laguna. Actualmente, se está recaudando fondos a través de Goteo y el sistema de micromecenazgo.

¿Cómo se te ocurrió la idea y en qué consiste exactamente el proyecto?

Se me ocurrió hará un par de años. Me he criado muy cerca de esa pared y como mi formación me ha permitido moverme bastante y viajar, he visto mucho arte en las calles, sobre todo en Londres, pero también me impactaron mucho los murales de Belfast y las medianeras del centro de Madrid que se pintaron en época de Tierno Galván, muchas con trampantojos. Un día mi mente asoció los dos conceptos y, por suerte, tuve apoyo moral como para comenzar a luchar por hacerlo realidad.

Básicamente, consistía en dar respuesta a una demanda social existente en torno a ese rascacielos. Está ubicado muy cerca de la iglesia y es muy alto, no tiene nada que ver con la arquitectura tradicional de Quintanar. No respetó ley de alturas, porque no había cuando se construyó, en 1968.

Mucha gente decía que habría que derribarlo, pero mi formación en materia de Patrimonio me había enseñado que es mejor conservar las cosas transformándolas y poniéndolas en valor que destruirlas. Los gastos son menores y los resultados por ello mejores. De ahí lo de ‘sin destruir lo que tenemos’. Creo que es una manera de generar desarrollo sostenible. Hacer más con menos. Aprovechar lo que hay y potenciarlo sin acomplejarse.

El proyecto ha ido mutando. En octubre de 2013 fui seleccionado en un grupo de investigación en Matadero Madrid sobre estéticas y conocimientos decoloniales, en el que se pretendía dar una salida práctica a diferentes teorías críticas de la cultura escritas sobre todo desde el ámbito latinoamericano. Como consecuencia presenté un proyecto al Museo Reina Sofía en el que la intervención de Quintanar era la expresión de esos planteamientos teóricos y pretendía investigar sobre el grafiti y el arte urbano como fenómenos decoloniales en relación al espacio urbano.

Además, pretendéis realizar un documental sobre el proceso

Tal como hicimos la primera vez, ahora también vamos a preservar las nuevas intervenciones en vídeo y tal vez todas ellas den forma a una película.

El director independiente Gonzalo Rielo tiene ya un montaje de casi una hora, pero aún no sabemos cuándo podremos presentar la película. Lo importante es que la está haciendo, porque la calidad de su trabajo es excepcional.

Para grabar esta tercera intervención (no hay que olvidar que hubo una segunda de Milu en El Toboso), por desgracia no podremos contar con él, pero espero que sí que pueda montar las imágenes que vamos a generar.

Es una manera de generar cultura. Y la película es la manera de hacerlo tangible, aunque el archivo documental es igual de valioso y no dudo que tendrá su utilidad para las generaciones del futuro.

Dulcinea sueña La Mancha, obra de Milu Correch en El Toboso (Toledo) / Foto: CULM

Dulcinea sueña La Mancha, obra de Milu Correch en El Toboso (Toledo) / Foto: CULM

¿Contáis con el apoyo de alguna Institución o, por el contrario, ha habido alguna oposición por su parte?

Contamos con el apoyo de Quintanar, que quedó encantado después de la intervención de Milu Correch. Intentamos que nos ayudaran los fondos Leader de desarrollo rural de la UE que gestiona la asociación Dulcinea, planteando un proyecto de empaque comarcal en el que se pintasen 40 murales en 8 municipios de La Mancha toledana, creando 60 puestos de trabajo durante 5 meses. Este iba a ser el primero, aunque recibimos una negativa.

Por otro lado, el Reina Sofía desestimó este proyecto, que era parte de mi solicitud a las estancias de investigación.

Pero estamos abiertos a que cualquier institución pueda colaborar con nosotros porque creemos que el arte es una herramienta de transformación social excepcional, que tal vez sea lo que necesita nuestra sociedad en estos tiempos tan grises. Algo de color para alegrarla.

¿El edificio está abandonado o tenéis la aprobación del/de los propietario/s para la realización del mural en la fachada?

El edificio no está abandonado. Todavía vive gente. Aún no hemos recogido todas las firmas porque estamos hasta arriba de gestiones, pero para la intervención del pasado mes de agosto sí que contamos con su aprobación y les gustó bastante. No esperamos tener problemas en este sentido.

En el caso de que no logréis los 10.677 euros necesarios, ¿creéis que existe alguna posibilidad de que tanto INTI como Laguna puedan intentar reducir su caché para que el proyecto salga adelante?

No es un problema de caché. Inti y Laguna van a cobrar lo mismo, yo diría que menos, de lo que cobraría un operario de trabajos verticales por pintar la pared de blanco, pero en lugar de ello van a dejar dos obras de arte plasmadas en el espacio público para que puedan disfrutarlas todos los ciudadanos.

Soy yo, como gestor cultural y como curador de la muestra, el que no está dispuesto a que cobren menos dinero, porque son profesionales y lo que van a hacer por Quintanar, dejando de atender sus ocupaciones por una semana, es prácticamente un regalo. En todo caso sería yo el que renunciara a lo que cobraría por tres meses de gestiones y promoción (una cantidad que, por otro lado, es un sueldo de becario), que es el tiempo que llevo organizando esta segunda fase del proyecto (la primera comenzó con Milu), para ingresarlo al crowdfunding.

Pero no sería la última vez que hago algo parecido. En los dos anteriores murales que organicé con Milu Correch en Quintanar y El Toboso tampoco cobré nada. Y en Londres están pagando 1.500 libras al mes por hacer camas en los hoteles. En este país tenemos un serio problema con las profesiones relacionadas con el ámbito cultural. Muchas veces se da por sentado que son profesiones vocacionales, y no voy a negar que es posible que lo sean, pero también hay personas que son agricultores por vocación o albañiles o lo que sea y nadie cuestiona que tengan que cobrar por su trabajo.

La cultura es necesaria, es fundamental para que una sociedad esté sana y funcione. Y los profesionales de la cultura merecemos que se reconozca nuestro trabajo, más que nada porque tenemos que comer igual que todo el mundo. Es una cuestión de dignidad. Yo esta vez renunciaría, porque todo esto lo hago por amor a mi pueblo y a mi tierra, pero sería la última vez porque, repito, tengo que comer como todo el mundo.

Es una cuestión de dignidad. El presupuesto del crowdfunding es digno. No está ni hinchado ni desinflado. Es lo que cuesta y lo que tiene que costar. Y si la sociedad no puede verlo, tendré que cargar yo con esa losa. Eso sí, será la última vez que lo haga.

Además de este sistema, ¿estáis recurriendo a alguna otra alternativa para intentar sacar el proyecto adelante?

Como en el pueblo hay mucha gente mayor o que está reñida con las nuevas tecnologías, hemos instalado huchas en los bares del VI Concurso de tapas de Quintanar y algunos comercios más para recoger fondos de forma alternativa. De todas maneras, todo ese dinero se ingresará al crowdfunding. Es parte de la misma campaña.

Intentamos hacerlo a través de los fondos Leader en su día, pero la negativa nos llevó a tener que hacerlo a través de un crowdfunding. Estoy pendiente de una respuesta de la Diputación Provincial de Toledo y he hablado también con Globalcaja, pero de momento no ha habido muestras de interés por su parte.

De todos modos, creo que cualquier tipo de ayuda que pueda llegar tendría que focalizarse desde el crowdfunding, más que nada por respeto a las 50 personas que han colaborado a día de hoy con sus donaciones en Internet, más todo lo que se está recogiendo en las huchas.

¿Cuál es la imagen que se plantea representar?

No hay ninguna escena en concreto, igual que la Dulcinea de Milu tampoco representa ninguna escena. Inti simplemente va a hacer una interpretación personal de Don Quijote a través de su estilo, que es único e inconfundible, caracterizado por el color de América Latina.

Me parece muy interesante que sea él quien represente a Don Quijote, porque es protagonista de una obra universal. Cervantes es al castellano lo que Shakespeare al inglés. Y por ello son millones de personas las que sienten como suya su obra en todo el mundo. El hecho de que sea alguien que reflexiona sobre la identidad de América Latina en sus trabajos quien pinte a Don Quijote en su contexto manchego original no hará sino reforzar esta universalidad y transmitir unos valores que son muy necesarios como la tolerancia y el entendimiento entre culturas. La escena concreta es algo secundario.

Dices que este proyecto ‘supone una manera innovadora de acercar el arte a la población’. ¿Cuál está siendo la respuesta del público?

Pues la verdad que a la gente en general le parece una idea bastante buena. El paisaje urbano de Quintanar no es que sea estéticamente bello, aunque la belleza es algo subjetivo. Años y años de malas gestiones y especulación urbanística han plagado el centro histórico de solares y eso hace lógico que ahora la gente prefiera ver color a muros grises o tapias de ladrillo. Es una cuestión de decoro arquitectónico, un concepto que está teorizado, por lo menos, desde Vitruvio. Y si ese decoro sirve para dar a conocer la obra de artistas que comenzaron pintando en la calle y que hacen de espacios públicos de todo el mundo sus particulares salas de exposiciones, pues mejor que mejor. Aquí lo que sobran son buenas intenciones y creo que la gente lo está entendiendo.

Uno de los objetivos de esta campaña es ‘acercar el arte a la ciudadanía al sacarlo de los museos’. ¿Consideras que, hoy en día, el arte está demasiado institucionalizado y por eso es más difícil que la gente se interese por él y lo vea como algo más lejano?

Rotundamente sí. El arte está demasiado institucionalizado desde muchas perspectivas diferentes, ya sean políticas o académicas. El arte contemporáneo muchas veces plantea discursos bastante complejos para el común de los mortales y eso, teniendo en cuenta que los museos se asientan sobre los ideales de democratización de la cultura que trajo la Ilustración, no deja de ser una gran paradoja.

¿Consideras que la cultura –en este caso el arte urbano– puede contribuir a mejorar la sociedad en mayor medida que otras vías? ¿Puede llegar donde otras no llegan e intentar solucionar o paliar distintos problemas?

La cultura no puede paliar problemas por sí misma, pero sí que puede ser un catalizador para generar desarrollo sostenible si las intervenciones se plantean sobre estos términos.

Necesita apoyo institucional porque, al ser un bien social necesario, tanto el Estado como entidades con responsabilidad social –grandes empresas, corporaciones o fundaciones–, bajo mi punto de vista tienen o debieran tener la obligación moral de hacerla llegar a los ciudadanos.

De todas maneras tal vez debamos replantearnos algunas de las trampas que nos impone el lenguaje, hablar de cultura de forma monolítica es un error. Hay muchas culturas, a muchos niveles de identificación diferentes. Podemos hablar de cultura oriental y occidental, pero también de cultura rural y urbana, por ejemplo, o de cultura tradicional y de vanguardia o religiosa y laica. La idea es que el Estado sea capaz de reconocer y corresponder a todas por igual para que términos como subcultura o contracultura pierdan su razón de ser y los ideales de la democracia se traduzcan de forma justa en este sentido. En la variedad está el gusto y la diversidad es riqueza, o al menos así lo plantea, lo reconoce y lo recomienda la Unesco.

Con estas intervenciones no buscamos, ni mucho menos, plantear que la manera en que enfocamos el arte urbano sea la solución a los problemas. Pero sí que es una alternativa tangible a los problemas que estamos sufriendo. Es nuestro granito de arena.

¿Crees que los jóvenes se están implicando para intentar sacar a Quintanar adelante a través de la cultura?

Cada cual lo hace a su manera. Muchos se implican en actos culturales religiosos como la Semana Santa, otros lo hacen en el carnaval, otros a través del deporte, que no deja de ser un tipo de cultura, también hay muchos grupos de música… No creo que yo tenga la autoridad moral para juzgar a los jóvenes de Quintanar. Yo respeto todos los puntos de vista. Lo que sí que me puedo permitir juzgar, por mi formación, es el estado en el que se encuentra el Patrimonio arquitectónico, tanto estético como material. Y sinceramente, me parece alarmante. Por eso esta iniciativa.

Es una manera de poner en valor lo que tenemos sin tener que destruir nada ni hacer grandes gastos. En este caso, 10.000 euros para un Ayuntamiento de 12.000 habitantes son menos de un euro por ciudadano. Yo lo que tengo es formación e ideas que considero de interés público y lo que no pienso es quedarme parado y ver cómo los años en que puedo ser más productivo para mi entorno pasan en balde. Porque soy joven y estoy bien preparado.

El Ayuntamiento ha decidido apoyarnos económicamente en este caso y lo valoramos, pero tal vez la ayuda que necesitamos no sea tanto una aportación económica puntual como un compromiso por escuchar nuestras propuestas e incluir aquellas que puedan beneficiar a la sociedad en la propia agenda de la Institución pública, en sus líneas de actuación. Y esto no es un caso particular del Ayuntamiento. En este país sobran jóvenes con buenas intenciones. Lo que ya habría que ver es si las ganas de escucharnos son igual de abundantes por parte de los representantes de los ciudadanos.

¿Qué es la Asociación CULM?

La asociación CULM es una entidad sin ánimo de lucro que surgió como consecuencia de nuestro primer mural, ya que por las prisas no estábamos constituidos como entidad legal y para materializarlo tuvimos que contar con el apoyo de la Asociación Micorriza,  compañeras de Molina de Aragón que también están enfocadas a proteger, conservar y poner en valor el Patrimonio, aunque más en su rama medioambiental que cultural. La arqueología está ahí en medio, a medio camino entre la biología y los estudios culturales.

CULM es una asociación destinada a todo esto. El arte urbano es una de sus líneas de actuación, pero también podemos realizar catálogos, inventarios, cartas arqueológicas, proteger bienes patrimoniales, celebrar exposiciones, cursos, hacer excavaciones arqueológicas, restauraciones de monumentos y lo que se nos pida.

A día de hoy, CULM es un grupo de jóvenes inquietos que buscan contribuir a mejorar las cosas sin ningún ánimo de lucro. Esto significa que no nos beneficiamos de lo que hacemos, sino que los beneficios se reinvierten en seguir llevando a cabo nuestros fines. Pero eso no quiere decir que, si para llevar a cabo nuestras actividades tiene que haber personas trabajando 8 horas al día, tengan que renunciar a recibir una compensación económica por ese tiempo.

Tampoco toda la gente de CULM quiere trabajar en esto. Muchos están como voluntarios, porque les parece una buena iniciativa a la que dedicar su tiempo de ocio. Y es igualmente respetable. CULM es simplemente una alternativa al círculo vicioso en el que se encuentra nuestro contexto socieconómico, que espera contribuir con su granito de arena a mejorar las cosas. CULM es una cuestión de dignidad.

Mª Belén Cañizares // Toledo

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